NUESTRA SEÑORA DE LA ALBORADA

Es ciertamente más que un nombre. Es un símbolo. Mejor: es un amor a María concretizado en el sentir y en la historia de nuestro pueblo guayaquileño. Y es que la bendición del padre y la ternura de María se nos han hecho palpables en la historia de este santuario “tocado” por Dios. Este mismo toque de Dios se ha sentido en el enorme regalo de contar en nuestra historia con la presencia de dos Papas: Benedicto XVI – entonces Cardenal Arzobispo de Munich -, quien la bendijo aún estando en construcción en 1978 y Juan Pablo II, quien nos regaló su abrazo.

NACE UNA PARROQUIA

El Arzobispo de Guayaquil de entonces, Mons. Bernardino Echeverría Ruiz, se interesó mucho por la naciente vida.

NACE UN AMOR

El Arzobispo dio a la naciente parroquia el nombre de “Nuestra Señora de Lourdes de la Alborada ”.

NACE UN SANTUARIO

Pero debemos retornar un poco en el tiempo, ya que el templo con el que hoy contamos en nuestra parroquia tiene también.

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